El chico que comenzó la guerra en Siria

Por Jamie Doran, cineasta y ganador del Emmy

Hace poco estuve en Moscú conversando con personas que pensarías deberían estar bien informadas. Gente educada, entre ellos un periodista experimentado. Les hice una simple pregunta: ¿Cómo comenzó la guerra siria?

Se lanzaron uniformemente a la misma respuesta, que se ha vendido con tanta frecuencia en los últimos tiempos, y que en ciertos círculos se ha convertido en realidad: “Fueron los terroristas los que iniciaron todo”.

El hecho de que en ese momento ISIS en su forma actual ni siquiera existiera en Siria, o que al-Nusra no llegaría hasta muchos meses después, parece haberse olvidado convenientemente, no sólo en Moscú, sino en la mayor parte de la cobertura mediática alrededor el mundo.

La sorpresa fue aún mayor para ellos cuando saqué mi computadora portátil y les mostré el avance de nuestra última película para Al Jazeera, “El chico que comenzó la guerra en Siria”. Fue una maravilla verlos desconcertados. Simplemente no tenían ni idea.

Afirmaron que no habían sido conscientes de cómo, durante décadas, los disidentes al gobierno habían enfrentado el temor diario a los servicios secretos, a la tortura, a la desaparición y ejecución extrajudicial.

Al parecer, nunca habían oído hablar de cómo los padres tenían miedo de permitir que sus hijas estuvieran solas en las calles por temor a ser secuestradas, violadas y asesinadas por las milicias Shabiha, de la familia Assad, que operaban con una  virtul impunidad.

Y eran totalmente inconscientes de que una travesura de adolescentes de un colegio secundario encendió el fusible que prendió en llamas un país.

A principios de 2016, yo estaba sentado en el Books @ Cafe, un lugar de reunión para los jordanos de mente liberal en la calle Al-Khattab, de Ammán, con el camarógrafo y cineasta Abo Bakr Al Haj Ali. Estaba ocupado saboreando de su narguile, mientras hablábamos sobre Deraa, la ciudad que había dado a luz a la revolución, un hecho que estaba prácticamente ignorado por los medios de comunicación en los últimos años.

Una de las razones por las que se había pasado por alto era que los jordanos no dejarían que ningún periodista occidental cruzara desde su lado a Siria. La única opción que restaba era una visita oficial a las zonas controladas por el gobierno a través de Damasco, que no me atraía en absoluto, incluso si me hubieran dejado entrar, lo cual era bastante improbable.

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Había pasado la semana anterior sentada en la frontera, a sólo una hora en coche de Deraa, luego de entablar un acuerdo con el ejército jordano que me convertiría en el primer occidental en cruzar la frontera en tres años.

Allí estaba yo, en el recinto fronterizo a punto de abandonar el suelo jordano, cuando llegó una llamada al puesto. Momentos después, fui educadamente subido a un coche … y regresé a Ammán. Más tarde supe que el representante de la agencia británica de inteligencia MI6 en Ammán había advertido al gobierno jordano que sería una mala idea dejarme cruzar … ¡Aunque viajara con un pasaporte irlandés!

Así que, de vuelta en Books @ Cafe, Bakr y yo nos sentamos charlando sobre cómo podríamos hacer una película sobre Deraa sin mi presencia física. Es su ciudad natal. Su territorio.

-¿Y quién estuvo allí desde el principio? Le pregunté.

“Conozco al comandante Marouf Abood, que organizó el primer grupo de defensa con los vecinos, después de que las tropas del gobierno atacaran su aldea”, respondió.

– Interesante, ¿Y quién más?

Siguió rodando media docena de nombres; Comandante esto, comandante aquello.

-Vamos, Bakr, debes conocer a alguien más, alguien diferente, alguien nuevo -dije.

Continuó arrastrando profundamente en su narguile, pensando profundamente, me dijo que no había nadie más que fuera realmente interesante.

Y luego añadió: -Bueno, supongo que está el chico que pintó el graffiti anti-Assad en la pared de su escuela y que inició la guerra.

Fue uno de esos momentos en los que podrías haber golpeado mis 90 kilos con una pluma.

¡El muchacho que inició la guerra en Siria! Piénsalo. No era ISIS, ni al-Nusra, ni ningún otro grupo terrorista. Fue un acto desafiante, un momento de rebeldía juvenil, si se quiere, que llevó a un levantamiento que ha llevado a más de medio millón de personas muertas y un país destrozado.

No era, por supuesto, la culpa de este chico de 14 años y sus tres amigos que se unieron a él en este momento de travesura adolescente – una broma que tendría enormes consecuencias más allá de su comprensión. Pero cuando fueron arrestados por el servicio secreto y torturados de una manera horrenda, se cruzó una línea de la que no habría marcha atrás.

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Cuando sus padres y sus familiares marcharon a la comisaría para pedir su libertad, les dijeron: “Olvídense de estos niños, vayan a casa con sus esposas y háganse algunos más, si no pueden manejarlo, envíennos sus esposas y nosotros lo haremos por ustedes.”

La ira estalló. El fusible había sido encendido y, cuando la policía comenzó a matar aleatoriamente a los manifestantes en las manifestaciones que siguieron, la resistencia armada se convirtió en una inevitabilidad.

Para mí personalmente, esta película ha tomado una importancia más allá de todas las que he hecho en el pasado. Poder recordar (y, en algunos casos, informar) a un público masivo y mundial sobre los verdaderos orígenes de la guerra civil siria, es un enorme privilegio para un cineasta.

Sin embargo, para quienes están directamente involucrados en esos orígenes, nuestra película ha proporcionado una oportunidad para reflexionar. Tantos han sufrido demasiado y se han sacrificado tanto por una revolución que, a cualquier cálculo, es y seguirá siendo incompleta, sin importar el resultado de las negociaciones.

Mouawiya Syasneh, el muchacho que comenzó la guerra siria, es ahora un joven que, como tantos otros jóvenes en Deraa, lleva un Kalashnikov en lugar de una mochila. Como los espectadores descubrirán, su propia familia ha pagado un terrible precio por los eventos que siguieron a sus acciones en febrero de 2011.

Sus propias reflexiones son ahora registradas por primera vez.

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