Daraya: la historia (poco conocida) de la desobediencia civil pacífica en un país desgarrado por la violencia

Little Gandhi: la historia de Ghiyath Matar
Producida y dirigida por el cineasta sirio Sam Kadi

Estrenado por Amnesty International y la Rahma Relief Foundation.

Este documental cuenta la historia de Ghiyath Matar y la desobediencia civil pacífica de los habitantes de Daraya, en los suburbios de Damasco a partir del 2011.

Vivimos en una sociedad moderna, mediatizada y tecnologizada, en donde la mayoría de los países vive en democracia. Por lo tanto, hablar de marchas o protestas de sus ciudadanos es  algo común, debido a la mayor o menor posibilidad de libre expresión y ausencia de opresión. Por la educación, por la salud, por derechos laborales, por políticas exteriores, guerras y/o por el ambiente, entre otros temas, la ciudadanía se ha convocado para manifestar rechazo frente a situaciones que les parecen injustas, dejándole claro al Estado y a los grandes grupos de poder que tienen una fuerte voz a la hora de plantear cómo deberían ser las cosas. Pero nos cuesta imaginar que aún sobran muchos lugares en este mundo donde manifestar una opinión crítica implica poner en riesgo la propia vida y la de seres queridos.

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La siguiente nota fue publicada originalmente por Leila Al Shami en globavoices y en su blog personal

Daraya fue el centro de protestas pacíficas a partir del 2011. Tenía una historia de activismo cívico que se remonta a una década; en 2003 activistas de la sociedad civil organizaron actividades como limpieza de calles, campañas de salud pública y lucha contra la corrupción, e incluso manifestaciones contra la guerra en Irak, que culminó en una concentración silenciosa para marcar la caída de Bagdad a la invasión estadounidense. Muchos de estos activistas fueron detenidos y soportaron 2-3 años de prisión.

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Cuatro años después después del inicio de la desobediencia civil, la ciudad de Daraya, prominentemente agrícola y situada estratégicamente cerca de la capital del país, cayó en manos del régimen. Se alcanzó un acuerdo para evacuar a entre 4 mil y 8 mil civiles que aún seguían allí, de una población original de 300 mil antes del levantamiento popular.

Los últimos residentes de Daraya estaban desesperados. Pocos días antes de la captura de la ciudad un grupo de mujeres publicó una carta abierta al mundo. Describían las espantosas condiciones en la ciudad. El asedio impuesto por el régimen, continuado durante 1.368 días, había bloqueado la entrada de alimentos y suministros médicos. La gente moría de hambre. Describían los ataques diarios del régimen, con más de 9 mil barriles explosivos lanzados sobre la ciudad, así como gas venenoso, y napalm, utilizado por las tropas americanas en Vietnam. El hospital fue bombardeado, quedando fuera de servicio. Las tierras agrícolas, la única fuente de alimento, habían sido deliberadamente quemadas y destrozadas. Las mujeres pedían a la comunidad internacional que actuase para poner fin a la violencia y levantar el asedio. Esta carta seguía a meses de protestas organizadas por mujeres y niños haciendo las mismas demandas. El primer y único convoy que llegó a entrar a la ciudad lo hizo en junio del 2016. Contenía medicamentos, mosquiteras y leche infantil, pero nada de comida. “No podemos tomar medicamentos con el estómago vacío”, decía una pancarta en una protesta poco después.

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Los que abandonaron Daraya lo hicieron como héroes. Daraya es una ciudad icono para los activistas que aspiraban a una revolución democrática en Siria. Ha sido un centro para el desarrollo de las ideas y las prácticas de la resistencia no violenta y ha inspirado la desobediencia civil por todo el país. Y a pesar de la terrible represión infligida sobre la ciudad, tuvo un éxito notable en la práctica de la auto-organización local y autónoma. La activista revolucionaria Razan Zeitouneh, secuestrada y desaparecida desde el 2013, dijo “Daraya era una estrella antes de la revolución, y una estrella durante. Lo que los hombres y mujeres jóvenes de la ciudad construyeron supuso un esfuerzo inmenso y resultó en un pequeño modelo ejemplar para el futuro de Siria, la Siria con la que soñamos. El activismo en la ciudad nunca dejó de sorprenderme ni un segundo… En Daraya, los letreros llamando a la coexistencia seguían alzándose incluso cuando el país entero caía en la desesperación después de cada nueva masacre”.

“Daraya es una ciudad icono para los revolucionarios sirios. Ha sido un centro para el desarrollo de la idea y la práctica e la resistencia no violenta y ha inspirado la desobediencia civil por todo el país. Y a pesar de la terrible represión infligida sobre la ciudad, ha tenido un éxito notable en la práctica de la auto-organización local y autónoma”

En el 2011, cuando comenzó el levantamiento social, surgió rápidamente un comité de coordinación local para organizar las protestas contra el régimen. El comité enfatizaba la importancia de la lucha no violenta y repartía panfletos llamando por una Siria democrática y por la igualdad entre todos los grupos religiosos y étnicos. Mientras sonaban las campanas de la iglesia cristiana, en solidaridad, los manifestantes marchaban llevando flores y ofreciendo botellas de agua a las fuerzas de seguridad enviadas a dispararles. ‘El ejército y el pueblo son uno’, cantaban.

Uno de los que participaron en el comité de coordinación local fue un joven sastre de 26 años llamado Ghiath Matar. Se ganó el apodo de “Pequeño Ghandi” por su compromiso con la desobediencia civil y la resistencia pacífica. Ghiath fue arrestado por las fuerzas de seguridad el 6 de setiembre del 2011. Pocos días después, su cadáver mutilado fue devuelto a su familia y a su mujer embarazada. En una de sus últimas publicaciones en Facebook, Ghiath dice: “Elegimos la no violencia, no por cobardía o debilidad, sino por pura convicción moral; no queremos alcanzar la victoria habiendo destrozado nuestro país”.

Los principios de la resistencia pacífica, que influyeron a la juventud de Daraya, tenían historia en la ciudad. De manera inusual para Siria, un estado policial que reprime la organización independiente, un grupo de hombres y mujeres jóvenes de entre 15 y 25 años fundaron en 1998 el Grupo de Jóvenes de Daraya. Habían estado estudiando el Corán con el académico religioso Abdul Akram Al Saqqa. Al Saqqa promovía la libertad social y política y animaba a sus estudiantes a pensar libremente. Por sus ideas liberales despertaba la controversia entre la ulema siria (autoridades religiosas). Llamaba a las mujeres a elegir a sus propios maridos y defendía que la educación de las mujeres era más importante que si llevaban o no el velo. Dio a conocer a sus estudiantes el trabajo de Jawdat Said, académico islámico que promovía las ideas y la práctica de la no violencia a través de la tradición coránica, así como de las enseñanzas de Ghandi y Martin Luther King.

El trabajo de Al Saqqa atrajo la atención de las autoridades y fue encarcelado en el 2003 y de nuevo el 2011, pero bajo su mentoría, el Grupo de Jóvenes de Daraya organizó acciones como la limpieza de las calles de su ciudad, el boicot a los productos estadounidenses durante la invasión a Irak, y arriesgadas campañas contra los sobornos y la corrupción. En el 2002 se manifestaron contra la invasión israelí del campo de refugiados de Yenín y en el 2003 organizaron manifestaciones, sin permiso gubernamental, contra la invasión estadounidense de Irak. Esta actividad acabó con el arresto de 24 miembros del grupo. Unos pocos fueron liberados algo después, pero la mayoría fueron sentenciados a entre tres y cuatro años de prisión.

Las protestas pacíficas fueron sometidas a una violenta represión. Las flores fueron recibidas con balas, y los manifestantes rodeados y detenidos en masa. En agosto del 2012, tras un intenso bombardeo, las tropas del ejército sirio atacaron la ciudad y cometieron una de las peores masacres a manos del régimen. Unos 400 hombres, mujeres y niños perdieron la vida asesinados con disparos a quemarropa. Los cuerpos de los muertos yacían como basura en las calles o fueron lanzados a fosas comunes.

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En una escena que sería infinitamente repetida, algunos comentaristas occidentales buscaron exonerar al régimen de todo mal. El famoso periodista Robert Fisk visitó Daraya poco después de la masacre, rodeado de tropas del régimen. Informó que la situación fue resultado de la toma de rehenes por parte del Ejército Libre Sirio y que el intercambio de prisioneros acabó mal, citando fuentes que decían que las víctimas eran familiares de empleados del gobierno. El comité de coordinación local de Daraya condenó duramente el relato de Fisk. Nunca habían oído hablar de un intercambio de prisioneros, cuestionaron si los entrevistados habían podido hablar libremente sobre la verdad ante la presencia de soldados del régimen, y criticaron a Fisk por no reunirse con los activistas de la oposición. Mientras tanto, el reportero de guerra estadounidense Janine Di Giovani también entró en Daraya —sin la ayuda del régimen— pocos días después de la masacre, y ofreció un relato desgarrador en su libro ‘The Morning They Came for Us’.

Daraya fue liberada por rebeldes locales en noviembre del 2012. Cuando el estado se retiró, los residentes establecieron el Consejo Local para dirigir los asuntos de la ciudad. Uno de los implicados fue el anarquista Omar Aziz, que animaba a los sirios revolucionarios a organizar sus comunidades de forma independiente del estado assadista, y a trabajar por el desarrollo de una reforma social.

A pesar de los enormes desafíos, el consejo local ha tenido éxitos excepcionales. Ha establecido numerosas oficinas para proveer de servicios a los civiles, incluyendo servicios de medios de comunicación, legales y de relaciones públicas (aun mantienen una página web). La oficina de ayuda social hizo funcionar una cocina de sopas que comenzó a ofrecer tres comidas al día, aunque esta frecuencia se redujo debido al asedio. El consejo intentó también desarrollar el autoabastecimiento, cosechando porotos, espinacas y trigo. Una oficina médica supervisaba el hospital  que atendía a los enfermos y heridos. Una oficina de servicios era responsable de abrir calles alternativas cuando las principales eran inaccesibles debido a los bombardeos y al colapso de edificios.

El consejo local también tuvo como objetivo unificar los esfuerzos civiles y militares. Daraya era una de las pocas comunidades en las que la brigada del Ejército Libre era parte de la estructura organizativa del consejo y estuvo sujeta al control administrativo civil. Las mujeres activistas fundaron la revista Enab Baladi para debatir sobre los sucesos que ocurrían en su comunidad y de manera más amplia en Siria, y promovían la desobediencia civil. Los activistas construyeron una biblioteca subterránea para que los residentes pudiesen continuar con su educación.

El pueblo de Daraya ha pagado un alto precio por su sueño de libertad. Durante cuatro años pudieron defender su autonomía del gobierno assadista y han continuaron a pesar del bombardeo, a pesar del asedio del hambre. Su lucha continuará siendo recordada y honrada por los revolucionarios sirios y por todo el mundo.

Leila Al Shami es británica-siria y ha participado en las luchas por los derechos humanos y la justicia social en Siria y otros lugares de Oriente Medio desde el año 2000. Es co-autora de “Burning Country: Syrians in Revolution and War” junto con Robin Yassin-Kassab, y colaboradora en “Khiyana-Daesh, the Left and the Unmaking of the Syrian Revolution”. Una versión de esta historia fue publicada originalmente en su blog.

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