La nueva geografia multicultural de la música alemana

Casi un siglo después del régimen nacionalsocialista y el fin de la segunda guerra mundial los últimos vestigios del “período oscuro” de la historia alemana parecen desvanecerse entre las arenas de la globalización.

Quien hubiera imaginado hace tan sólo algunas décadas que un país famoso por su ideología de la pureza racial y cuyo estereotipo más difundido en el mundo es la del hombre rubio, alto y de ojos celestes que escucha “folksmusik” mientras brinda con cerveza, sería refutado por un presente fuertemente impregnado por la multiculturalidad, impronta de continuas olas migratorias, fruto de las mayores tragedias que aún castigan a un vasto territorio, que bien podría denominarse “medialuna de la miseria”, donde abundan los conflictos armados, la inestabilidad política, religiosa y cultural, que se extiende desde el África Subsahariana,  atraviesa los territorios del oriente medio, y llega hasta los mismos suburbios helados de Moscú.

La Alemania del 2016 es multi cultural, en todas sus expresiones. En su literatura, en su geografía religiosa y cultural, en su gastronomía, pero principalmente en su lírica. No pocas veces conviven en una misma canción el alemán con el español, el turco y el inglés.

La influencia  de la migración en la música es un aspecto aún poco estudiado por las ciencias sociales en el país que se hizo famoso, entre otros hechos, por la noche de los cristales rotos, la quema de libros y los campos de exterminio, en un período que castigaba toda clase de expresión considerada “diferente”. Las fronteras líquidas de la globalización musical, para tomar prestados los términos del sociólogo Zygmund Bauman, son difusas, y parecen diluirse año a año con mayor intensidad.

El folclore, si a ello me permiten incluir estilos tan diversos, pero con su propia impronta local como el Rock, el Pop y las baladas, se transforma, se reinventa y adquiere connotaciones típicas, a lo largo del tiempo, de influencias étnicas muy variadas. Dan cuenta de ello los festivales culturales, los estilos musicales internacionales como el Jazz, el Tango, los ritmos latinos y orientales, que poco a poco han logrado ocupar un lugar en el ranking de las radios.

No se trata, en este caso, de fenómenos y expresiones culturales típicas de los inmigrantes que residen en Alemania, sino de aspectos propios de la globalización. Todavia recuerdo que para 1999, estando en Alemania, encender la radio implicaba que prácticamente toda la música que se oía por el parlante era “importada”y en idioma inglés. Escaseaba incluso el idioma alemán. Sin embargo en 2005 el panorama ya había comenzado a cambiar. En las últimas tres décadas el número de artistas, con un trasfondo migrante, no ha parado de crecer, especialmente en el ambiente musical pop.

La inmigración trajo consigo una diversidad de estilos musicales, en su mayoría tradicional y folclore, que prevalecía dentro de las comunidades nacionales.

A partir de los años 90 se observa particularmente una tendencia en los grupos sociales de ascendencia turca, de tradición cerrada y conservadora. Los hijos y nietos de los primeros trabajadores inmigrantes se animaron a traspasar las fronteras de sus “nichos étnicos” e incursionar en el escenario público. Las numerosas discotecas y clubes nocturnos exclusivos para los turcos comienzan a ser visitados por un público turco-alemán con una fuerte impronta occidental. También existen locales similares en las comunidades africanas, polacas, griegas y rusas. La cultura turco-alemana de las grandes ciudades alemanas, principalmente Berlín, crea una expresión musical de estilo oriental pero influenciada por el movimiento Hip-Hop y el Rap, que logra entablarse en el escenario comercial. La cultura del Hip-Hop surge, inicialmente, en los suburbios de la comunidad afroamericana de Nueva York y se impone mundialmente como una expresión musical de protesta para los sectores marginales. Los textos, usualmente, hacen referencia a los contextos propios del barrio y los orígenes de la cultura turco-alemana. No pocas veces se expresa el desarraigo y la dificultad por echar raíces en un contexto social dividido por culturas y costumbres, en muchos aspectos, antagónicos.

A diferencia de lo que usualmente se podría pensar lo que surge no es una mezcla de culturas, sino lo que la socióloga Ruth Hill  entiende como una “tercer cultura”. El concepto Third Culture define a aquellas personas que vivieron una parte significativa de sus años de desarrollo en una cultura ajena a la de sus padres. Esta tercera cultura es una nueva cultura que ellos mismos crean. No es la cultura nativa de sus padres ni la cultura del país en el que residen. Es el balance que ellos mismos instauran entre lo que conocen, lo que anhelan y lo que son.

Kurdo es el seudónimo de Kurdo Jalal Omar Abdel Kader, un rapero de origen Kurdo-Iraquí que llegó al país con sus padres en carácter de refugiado cuando tenía apenas ocho años de edad. Desde entonces reside en Heidelberg, mi ciudad natal. En sus textos suele reflejar la dificultad para hallar “su lugar en el mundo”, es decir, construir una relación de identidad con un lugar en particular. Cuando la propia identidad cultural es incierta, se torna difícil identificarse plenamente con una cultura en particular.

El artista de reggae Patrice, el rapero Samy Deluxe, el cantante Pop Xavier Naidoo, la cantante Judy Bailey, el grupo de Dancehall Culcha-Candela y muchos otros músicos cantan de sus raíces familiares y musicales, pero ante todo sobre su mirada de la Alemania del 2016.

La Geografía de la cultura alemana es multicultural. Quien visita el país no sólo vera caer en pedazos los múltiples preconceptos e ideas implantadas sobre “lo alemán”, sino que encontrará una sinergia difícil de describir entre paisajes naturales-modificados y arquitectónicos de fuerte impronta medieval, regiones, cada una luchando por mantener y rescatar su propio legado cultural, y un mar de culturas y religiones de los más diversos orígenes conviviendo en un lugar que ha sido cuna y tumba de historia, vivida y atravesada por siglos de migraciones humanas. Una Geografía marcada por lo líquido y lo difuso, todo menos, estática.

 

 

 

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